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miércoles, 12 de agosto de 2015

Un auténtico golazo

ernesto ortega  Estábamos cabizbajos, como si ya hubiésemos perdido antes de empezar. Luis era el único que tenía un balón y no venía. Ya nos íbamos a marchar cuando Jonás tuvo la idea: ¿Y si jugamos sin balón? Tú eres tonto, dijo Toño. ¿Cómo vamos a jugar sin balón? Tú si que eres tonto. ¿No jugamos a soldados sin armas o a espadachines sin espadas? ¿Pues por qué no vamos a poder jugar al fútbol sin balón?, argumentó Jonás. A todos nos pareció un poco raro, pero no perdíamos nada por probar. Así que echamos pies para hacer los equipos. Simulábamos que nos pasábamos la pelota, que la golpeábamos o que corríamos a buscarla, hacíamos como que sacábamos de banda y hasta nos tirábamos al suelo para que pareciese que nos la quitábamos unos a otros. Al principio nos costó un poco, pero enseguida le pillamos el truco. Era divertido. Cuando ya llevábamos un rato jugando, Jonás hizo como que la metía en profundidad hacía la banda y yo corrí a buscarla. Simulé que regateaba a Bernardo y, antes de apurar la línea de fondo, hice como si centraba. Ventura, que nos pasaba a todos dos cabezas, saltó dentro del área, elevándose por encima de la defensa. El portero se estiró como pudo para atraparla y cayó sobre la línea. Unos decían que el balón ya había entrado, otros que no. Después de discutir un rato, dejamos de jugar. Desde mi posición lo había visto claro. Fue un auténtico golazo.
Ernesto Ortega Garrido
http://www.latoalladelboxeador.blogspot.com.es/2014/07/73-asalto-un-autentico-golazo.html

martes, 24 de marzo de 2015

Casi mejor







CASI MEJOR

(Josep Sebastián)

Os aseguro que nací sin traer una barra de pan bajo el brazo. Quizás ese fue el estigma que me acompañó en mi poco venturosa vida.
En la escuela dejaba copiar a los mismos niños que en el recreo  robaban mi bocadillo e impedían que jugara al fútbol con ellos. Eso sí, en mi mocedad tuve muchas novias, concretamente siete, aunque de todas se beneficiaron mis correspondientes hermanos, y quién sabe si más adelante lo hicieron también con mi adorada mitad, a la que colmé de cariño y me correspondió con ingratitud, reproches y un sangrante divorcio.
En el ámbito laboral, poco que contar. Me empeñé en abrazar la carrera comercial porque  imaginaba que un hombre con corbata y maletín era  el paradigma del éxito social, aunque el comercio era más productivo para mis clientes  que para mí. Vendía papel a grandes editoriales pero era raro el mes que no me colocaran una enciclopedia. La última, sobre la evolución del tráfico de armas a lo largo de la historia moderna.
Precisamente hojeando uno de esos últimos libros, tomé la decisión de hacer el negocio de mi vida, pero en la operación me pegaron cuatro tiros.
Y aquí estoy, llamando a las puertas del cielo. Hace rato que insisto, pero no me abre ni Dios.
Casi mejor.