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miércoles, 16 de diciembre de 2015

Segundos fuera




SEGUNDOS FUERA

(Josep Sebastián)



     Le aconsejaron unas horas de gimnasio a la semana para compensar el estrés que suponía su dedicación plena a la política. Congresos, mítines, reuniones, ponencias, relaciones, viajes por todo el estado, inauguraciones…, necesitaban esa descarga de adrenalina que se supone coloca al individuo en una situación de tranquilidad que le era robada en su frenética actividad del día a día.
     Empezó por lo que se le conoce como máquinas, pero a  lo que realmente le cogió el gusto fue al saco de entrenamiento de boxeo. Se compró unos guantes y allí, directos, jabs, uppercuts y crochets golpeaban con fuerza tarde tras tarde, porque ya era diario el paso por la zona de artes marciales. No contento con el uso de los puños, un par de días a la semana practicaba kickboxing para descargar también la rabia con sus pies.
     Cuando, ya casi de noche, salía para dirigirse a su casa, le gustaba que los compañeros le dijeran cosas como “adiós, machote”, “vamos, campeón” o “eres el mejor, monstruo”, sobre todo los días en que las cosas no le habían ido bien en el empeño de su honrosa profesión.
     Entonces, llegaba a casa y seguía dándole al saco. Su esposa, agazapada en el rincón de la habitación, esperaba con angustia el grito de “segundos fuera”. Y ahí empezaban los verdaderos asaltos de aquel cruel combate.
     Hoy, Kid Bárcenas, como le llaman en prisión, sigue su rutina de entrenamientos. Llegó a su nueva residencia por asuntos de corrupción al contrario de lo que se pudiera suponer. Su esposa le trae un par de veces por semana un tupper con comida casera y espera con ansias que le concedan el bis a bis. Por eso, su marido reserva un par de horas para entrenar con algún sparring drogadicto e  indefenso.

domingo, 3 de mayo de 2015

Salvado (Saved)










SALVADO POR LA CAMPANA

Josep Sebastián


     Durmió poco la víspera del día que, aparte de soleado en Irlanda, sería el de con casi toda seguridad su último combate.
     Desde el primer golpe se evidenció que su contrincante no tendría piedad ni siquiera sabiendo que ese mismo día cumplía años, quizás demasiados para seguir en la élite de los superwelter. 
     Ya en el tercer asalto sufrió, sin respiro, el primer ataque continuado de puñetazos.  Dos cruzados y un crochet  lo llevaron por primera vez contra las cuerdas y allí, a punto de doblar las rodillas y de saltar por los aires la toalla que sostenía su mánager, sonó la campana.
     —Resiste, David —le dijo ya en el rincón del ring—.Quizás tengas  la fortuna de un golpe ganador.
    En el séptimo round, cuando cayó a la lona después de un par de directos a los riñones y un preciso uppercut y el juez bajaba el brazo para empezar  la cuenta atrás, volvió a salvarle el sonido de la campana.
     Esta vez  la de su despertador.
     Afuera lloviznaba. 




Dedicado a mi yerno Daniel Lynch en su 27 aniversario y a la memoria de quién fue su abuelo, David Stewart .





    

SAVED BY THE BELL


Josep Sebastián



     He slept a little the day before that would be, apart from a sunny day in Ireland, almost certainly his last fight.

     From the first punch it was evident that his rival would not have any piety, even knowing it was his birthday, maybe too old to continue in the superwelter elite.  In the third assault, he suffered his first attack followed by several punches without brake. Two crosses and a crochet brought him for first time to the ropes, and it was there almost about to blend his knees and to blow up the towel that the coach was holding when,  the bell rang.
     —Hold on, David —he said in the corner of the ring.— Maybe you still have the fortune of a winner knock.
     In the seventh round, when he fell on the canvas after a couple of punches to the kidneys and an accurate upper-cut, the referee lower his arm to start the countdown, again he was saved by the bell sound.  But this time it was his clock alarm.

     Outside it was drizzling. 



Dedicated to my son in law Daniel Lynch who today turns 27. And In memoriam who was his grandfather, David Stewart. 


David Stewart. Tricampeón amaetur de Irlanda años 40