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viernes, 12 de febrero de 2016

Queda la música





QUEDA LA MÚSICA

(Josep Sebastián)



     En el guateque pusieron Je t’aime moi non plus y se buscaron para bailarla. El disco estaba rayado en Tu vas et tu viens entre mes reins, entre mes reins, entre mes reins…

     Ajenos a musicasetes, cedés y pendrives, han seguido bailando hasta que, por razones desconocidas, la aguja se ha desplazado hasta el final.
     Sus cuerpos se han desplomado y sus ropas desintegradas han cubierto el polvo depositado en medio de la habitación. Un robot aspirador se encargará de recogerlo.

martes, 9 de febrero de 2016

Sesión de tarde





SESION DE TARDE

(Josep Sebastián)



     Él soñó que la chica escapaba del  gánster y se refugiaba en sus brazos.
     Ella soñó que abandonaba a su aburrido esposo y se fugaba con Al Capone.
     Las dos mujeres se cruzaron rompiendo la pantalla del televisor.
     El matrimonio se despertó al momento. Era hora de tomar el té.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Segundos fuera




SEGUNDOS FUERA

(Josep Sebastián)



     Le aconsejaron unas horas de gimnasio a la semana para compensar el estrés que suponía su dedicación plena a la política. Congresos, mítines, reuniones, ponencias, relaciones, viajes por todo el estado, inauguraciones…, necesitaban esa descarga de adrenalina que se supone coloca al individuo en una situación de tranquilidad que le era robada en su frenética actividad del día a día.
     Empezó por lo que se le conoce como máquinas, pero a  lo que realmente le cogió el gusto fue al saco de entrenamiento de boxeo. Se compró unos guantes y allí, directos, jabs, uppercuts y crochets golpeaban con fuerza tarde tras tarde, porque ya era diario el paso por la zona de artes marciales. No contento con el uso de los puños, un par de días a la semana practicaba kickboxing para descargar también la rabia con sus pies.
     Cuando, ya casi de noche, salía para dirigirse a su casa, le gustaba que los compañeros le dijeran cosas como “adiós, machote”, “vamos, campeón” o “eres el mejor, monstruo”, sobre todo los días en que las cosas no le habían ido bien en el empeño de su honrosa profesión.
     Entonces, llegaba a casa y seguía dándole al saco. Su esposa, agazapada en el rincón de la habitación, esperaba con angustia el grito de “segundos fuera”. Y ahí empezaban los verdaderos asaltos de aquel cruel combate.
     Hoy, Kid Bárcenas, como le llaman en prisión, sigue su rutina de entrenamientos. Llegó a su nueva residencia por asuntos de corrupción al contrario de lo que se pudiera suponer. Su esposa le trae un par de veces por semana un tupper con comida casera y espera con ansias que le concedan el bis a bis. Por eso, su marido reserva un par de horas para entrenar con algún sparring drogadicto e  indefenso.