Un día desperté con la
palabra “metasía” rondándome la cabeza, y como no lograba descifrarla la miré
desde dentro mismo de mi sueño.
Descubrí que era oblicua y
estaba formada de cristales de colores, de forma que al girarla contra la luz
se reproducía como las imágenes simétricas de un caleidoscopio.
Me alejé del mundo y dejé que
mis pensamientos vagaran entre sus reflejos. Una estrella me condujo a través
de un camino por un peregrinaje sin destino donde encontré al niño que fui y al
hombre que ha ido creciendo dentro de aquellas ilusiones ópticas, fragancias
alambicadas de un pasado que ha dejado sus huellas en mi alma.
De tal palo tal astilla,
pensé. Caminan de nuevo el hombre y el niño, uniendo sus sueños para poder
curvar la línea del horizonte.
Metasía:
f. Espacio que está más allá de la fantasía. Lugar que solo es posible llegar a
través de la fantasía.
Había
una vez una pandilla de angelitos que jugaban,reían y gritaban alborozadossaltando de nube en nube.
Un
día, al despertar, se dieron cuenta que no había una sola nube y por tanto no
podían jugar como cada mañana. Pero desde el cielo descubrieron allá abajo otro
azul que competía con blancos remolinos de espuma.
El
mar. Nunca habían visto nada igual, cual prodigio desconocido.
Ilusionados
y con asombro empezaron a volar de un lado a otro por ver de cerca aquella inmensa
masa de agua que se movía bajo sus alas.
Uno
de ellos, de rizos dorados y boca pequeña, hechizado por aquel espectáculo en
movimiento, preguntó a un ángel mayor como se llamaba aquel lugar. Y él le
contestó:
—El mar rodea la tierra, y el lugar que estás contemplando ahora se
llama Barcelona, una ciudad maravillosa.
El
angelito, inquieto, volvió a preguntar:
—
¿Podemos los ángeles pedir deseos?
—Nosotros no necesitamos pedirlos —le contestó—. Con la fuerza del
pensamiento nos sumergimos dentro mismo de los deseos, como las gaviotas en el
agua.
El
ángel de rizos de oro cerró los ojos y con la fuerza de su mente y todo el amor
que le fue posible se convirtió en gaviota.
Así
pasó unos días, entre el cielo y la tierra, imitando los movimientos de las
aves.
Un
día, una niña que jugaba en la playa posó sus ojos en la gaviota, la cual,
atraída por la fuerza de aquella mirada, se acercó a picotear sin miedo la
galleta que tenía en su mano. En ese instante en que ambos sintieron que se
pertenecían,la gaviota volvió a ser
ángel y la niña le puso el nombre de Pol.
Nunca
más se separarían.
Una
tarde calurosa de agosto, en una céntrica plaza de aquella ciudad, jugaban la
niña y el pequeño Pol haciendo volar extrañas hojas alargadas caídas de los
árboles. Un hombre que leía un libro en un banco cercano se fijó en aquellos
bucles dorados y notó que era un niño muy especial.
—Dame,
dame algo para escribir —pidió a la niña—, que se me ha ocurrido una idea y no
quiero que se me escape.
La
niña le ofreció lo único que encontró en su cartera, un cartoncito pequeño y un
poco arrugado. El hombre escribió:
Por el cielo,
Olas de terciopelo
Levitan, como tu pelo.
Empezó
entonces a llover, y embriagado por la visión del arco iris y el olor de la
tierra mojada, el hombre le confesó:
—Hoy
no llueve solamente agua, Pol. También cae polvo de estrellas desde un lugar
que muy pocos conocen. Le pondremos un nombre, ¿te parece?
Y
se inventaron una nueva palabra. Metasía.
Al instante, el hombre desapareció.
Metasía:
f. Espacio que está más allá de la fantasía. Lugar al que solo es posible
llegar a través de la fantasía.
Conocí
a Guy en la escuela, cuando aún no levantábamos tres palmos del suelo. Guy
tenía acento francés por sus orígenes y por eso algunos compañeros se burlaban
de él diciendo que hablaba raro. A mí, por el contrario, me gustaba escuchar
sus historias. Pronto comenzaron a decir que éramos un par de ciegos en el país
de los tuertos, o al revés, qué se yo.
Algunas
de sus aventuras se alojaban en pura metasía (palabra inventada por él), y
conseguían mantenerme encandilado y a la expectativa de lo que pudiera ocurrir
desde el principio hasta el final. Recuerdo alguna de ellas, como las playas
que había bajo los adoquines de las calles de París. Mi amigo inventaba mundos
inverosímiles y los coloreaba de verdes, azules, dorados y ocres, y al escuchar
sus relatos me imaginaba las palabras como cristales iridiscentes y de formas
geométricas imposibles.
Su
mente creaba personajes recién salidos de cuentos de hadas al revés, en los que
él siempre era el protagonista. Guy, el niño que salvaba al sol de la mujer que
se lo comía a bocados. Guy, el maestro perfumero que creaba fragancias capaces
de convertir al cazador en cazado. Guy, el niño que conquistaba el mundo con el
poder de las palabras.
Metasía:
f. Espacio que está más allá de la fantasía. Lugar al que solo es posible
llegar a través de la fantasía.