No podía creer que aquellos garbanzos
dispersos por la acera conducían a nuestra humilde casa y no a la de
Pulgarcito.
Allí, mientras mi esposa reñía al quinto
de nuestros hijos por haber perdido el encargo de la tienda de legumbres
cocidas, comprendí que ese día no habría primer plato.
Era un hombre de ciencia, prestigioso
arqueólogo y aventurero incansable. Tenía una extraña teoría, por la que
después de una pérdida provenía irrefutablemente un hallazgo.
Perdió pronto a su padre pero en el
entierro encontró a la mujer de su vida. Era la camarera de la cafetería del
tanatorio.
Perdió el vuelo 727 a El Cairo un martes
13, pero al día siguiente encontró las ruinas de un templo desconocido de gran
valor arqueológico.
Perdió el tiempo con una joven colega
alemana pero encontró el verdadero sentido de la traición.
Perdió peso y encontró el placer de volver
a escalar montañas.
Solo una vez en su vida, si es que se le
puede llamar así, se truncaron los términos de su razonamiento. Fue en una
expedición por los Andes.
José aceptó el anuncio del ángel sobre el embarazo
de su mujer, María, con tranquilidad y sin demasiadas averiguaciones. No
prestó mucha atención al asunto, pues estaba preocupado por las
condiciones de una madera, desconocida para él, de que había oído
hablar. Al parecer ese material procedía de Oriente: tendría que esperar
el paso de una caravana para obtener algunos tablones. Con ellos
elaboraría muebles para sus amos romanos, los únicos que pagaban un buen
precio por su trabajo. La cuestión del Mesías le interesaba también,
pero menos. Después de todo, un buen carpintero no tenía por qué meterse
en política.
Benjamin Bradock ha terminado brillantemente sus estudios y, para
celebrar el acontecimiento, sus padres organizan una fiesta a la que
invitan a todos sus amigos. Entre los invitados se encuentra la señora
Robinson, que inmediatamente se siente atraída por Benjamín y no ceja en
sus esfuerzos hasta que consigue seducirle, comenzando unas relaciones
tempestuosas. Poco después, Benjamin conoce a Eleine, hija de la señora
Robinson, con la que sus padres le obligan a salir. Al principio lo hace
en contra de su voluntad, pero poco a poco se va interesando por la
joven, hasta que acaba enamorándose de ella.