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miércoles, 12 de octubre de 2016

Inestabilidad

 

3.076 – Inestabilidad (Juan José Millás)

  jj millas2  Nos encontrábamos ya cerca de mi casa, cuando el taxista fue avisado por un colega de que había en nuestro camino un control de alcoholemia. Como resultara imposible dar la vuelta o escapar por una calle lateral, el conductor me confesó que llevaba dos copas, pues había comido con unos amigos de la infancia a los que hacía años que no veía. «¿Y qué quiere que le haga?», pregunté. «Que se ponga al volante —respondió—, como si usted fuera el taxista y yo el pasajero.» Me pareció una propuesta absurda a la que respondí con una sonrisa de desconcierto. Mientras sonreía, vi en sus ojos, a través del espejo retrovisor, un movimiento de pánico que produjo también en mí alguna inquietud. En cuestión de segundos me puso al corriente de su situación, responsabilizándome del drama familiar que se le vendría encima si le retiraban la licencia. Aunque intenté defenderme, lo cierto es que al cabo de un momento, dada mi debilidad de carácter, estaba al volante del taxi, con el conductor detrás.
Alcanzado el control, un guardia hizo señas de que nos echáramos a un lado. Luego se acercó, me informó acerca de sus propósitos y me pidió que soplara, lo que hice con miedo, pues aunque no había bebido creo que el organismo puede, en situaciones de estrés, producir todas las sustancias existentes. Por fortuna, estaba limpio y me dejaron seguir. Como no era cuestión de detenerse a unos metros del control para realizar el cambio, y dado que mi domicilio se encontraba muy cerca, continué conduciendo hasta el portal, donde el taxista, tras mirar el contador, sacó un billete, me lo dio, abrió la puerta, salió del coche y se metió en mi casa, todo con una rapidez tal que no fui capaz de reaccionar. Además, apareció enseguida otro cliente que me pidió que lo llevara a toda mecha al aeropuerto. Qué inestable es la realidad, pensé arrancando

domingo, 3 de julio de 2016

Desde la sombra

 

 

 

 

Desde la sombra



Inquietante, ocurrente, lúcida y kafkiana. Son algunos de los adjetivos que podrían describir Desde la sombra (Editorial Seix Barral, 208 páginas, 18,50 euros), la última obra del escritor y periodista Juan José Millás.
Pero no se engañen, bajo la apariencia de un relato del género fantástico subyace una historia que aborda sin tapujos problemas netamente contemporáneos, en lo que el propio autor define como su novela “más política”.
“En apariencia está muy alejada de la realidad, parece una novela fantástica, pero quizás sea una de las novelas más políticas que he escrito porque metaforiza mucho la situación del mundo actual en el que en grandes concentraciones uno se siente muy solo, donde hay muchas dificultades para salir adelante o donde cuesta mucho establecer relaciones personales verdaderas”, reflexiona el novelista en conversación con RTVE.es sobre los golpes de realidad en su nuevo texto.
El argumento de Desde la sombra está cargado de simbolismo y es casi surrealista: el protagonista, Damián, un tipo aparentemente inane, pierde su trabajo y se encuentra desorientado en la vida.
En esta sociedad hay muchas dificultades para salir adelante
Paradójicamente, se sentirá útil cuando desembarque escondido en un armario en la casa de una familia, a la que espiará en secreto y sobre la que ejercerá de guardián protector y “fantasma” particular. Un tour de force que esconde una metáfora detrás de otra, con continuos guiños al lector, al que regala frases memorables en las que no falta el humor y cierta desazón.
Damián, un ser “con necesidad brutal de afecto y reconocimiento”, en palabras de Millás, parte de una situación inverosímil-vivir en un armario- pero que acaba fundiendo con la realidad.
El escritor explica que una mujer en Japón habitó durante un mes en el armario del apartamento de un desconocido hasta ser descubierta cuando el dueño colocó cámaras al notar “cosas raras”, como el robo de comida en su hogar.
Una muestra de cómo la realidad rebasa a la ficción en la fértil imaginación de Millás, que relata como el germen del libro le rondaba desde hace treinta años pero hasta el momento no ha cristalizado.

"El armario puede ser una metáfora del subconsciente"

La fascinación por los armarios de Juan José Millás hunde sus raíces en su infancia. Según relata, durante una enfermedad le trasladaron al dormitorio de sus padres donde había “un armario de tres cuerpos” que dio alas a su fantasía por su carácter “casi de ser vivo”.
“Además, cuando yo empecé a escribir hice varios cuentos de armarios, y a mi me gustaba mucho porque son inquietantes, por un lado, es el lugar donde residen los monstruos en la infancia, por otro, es una metáfora del útero materno, del ataúd, puede ser una metáfora del subconsciente, incluso”, rememora el valenciano.
La original idea de la obra se plasma en una estructura que encaja sin aparente esfuerzo y atrapa al lector en esta maraña simbólica, bajo el telón del misterio, y con un sorprendente-por inesperado-giro final.
 Portada del libro
Entre los múltiples temas que entresaca, tampoco elude la influencia de la televisión en la sociedad actual, encarnada en el monólogo interior del protagonista que se imbrica como entrevistas imaginarias en un plató. Un recurso para desgranar el hilo de sus pensamientos de una forma diferente, en palabras del literato.
Con paciencia y curiosidad, el escritor y periodista, que este miércoles se sitúa al otro lado, se enfrenta a la vorágine promocional del libro ante los medios.
Millás, que mira muy fijo a su interlocutor a través de sus grandes gafas de pasta, señala que no establece frontera divisoria entre el novelista y el reportero. Son sus dos mitades.
Ambas labores conllevan la misma “responsabilidad” para el autor de La mujer loca, que afirma que, en el fondo, “todo es escribir”, y él para ambas tareas se emplea con los mismos recursos de estilo.
El maestro de la extrañeza concentrará a partir de ahora sus pensamientos en una obra de teatro. Es su próximo proyecto. Y así se despide, con paso tranquilo, de camino a la próxima entrevista.

martes, 5 de mayo de 2015

Avisos

                                            Juan José Millás: "Avisos"

Fotografía: Francisco Rodríguez Criado
  
El otro día, en el contestador automático de mi teléfono, una voz angustiada había dejado el siguiente mensaje: "Mamá, soy yo, Cristina, que si puedo cenar hoy en tu casa, sólo te llamo para eso, para saber si puedo cenar contigo esta noche, avísame, por favor, no dejes de avisarme estaré toda la tarde aquí, soy Cristina".
Evidentemente, no soy la madre de Cristina, así que se quedó sin cenar la pobre, y yo también, pues no fui capaz de freír un par de huevos conociendo el drama de esa pobre chica. Algunas voces anónimas son como microorganismos que te infectan el día, y no hay Frenadol que las pare.
Al día siguiente de lo de Cristina llegué a casa, le di a la tecla del contestador y alguien dijo: "Pedro, que lo de Luis, por fin, era maligno y encima Marisol se ha roto un brazo. A mamá no le hemos dicho nada todavía porque con las crisis respiratorias que tiene últimamente no lo soportaría. Nacho, por fin, va a repetir el COU". Evidentemente, tampoco soy Pedro, no conozco a Luis ni a Marisol, y me importa un rábano que Nacho repita el COU, pero me amargó la vida esa acumulación de desgracias ajenas, qué quieren que les diga. Cuando llevas dos días seguidos escuchando mensajes de este calibre, el receptáculo donde se aloja la cinta del contestador empieza a parecerte un nicho ecológico donde se reproducen microorganismos perjudiciales para la salud emocional, así que desinfecté la cinta, pero al regresar del trabajo escuche: "Miguel, es la última vez que me das un plantón porque esta misma tarde me voy a suicidar". Tampoco soy Miguel, pero estuve tres días con mala conciencia buscando una muerte violenta en la sección de sucesos, y así no se puede vivir.
De manera que hoy, decidido a defenderme, he marcado al azar unos números hasta dar con un contestador en el que he grabado el siguiente mensaje: "Marta, que vengas en seguida porque Manolito se ha caído por el hueco de la escalera y Ricardo se ha tragado una cuchilla de afeitar, pero no me puedo mover de casa porque no tengo con quién dejar al bebé. Date prisa". Ha sido un desahogo, la verdad, me he quedado más ancho que largo. Y pienso subir el tono si la guerra se prolonga. El que avisa no es traidor.
Juan José Millás

domingo, 15 de febrero de 2015

Los objetos nos llaman


Lee cuatro relatos:



SINOPSIS
Lo misterioso acecha a la vuelta de la esquina, en el interior de uno mismo. Mujeres grandes que sueñan con hombres diminutos. Maniquíes que sudan. Pollos que llegan desde el mercado a casa, pero que jamás aparecen en la mesa. Mentiras que se convierten en realidades inexplicables. Cerillas viejas que iluminan habitaciones antiguas. Pequeños malentendidos que dan lugar a preguntas fundamentales. Delirios sensatos. Corduras delirantes… Bienvenido al mundo de Juan José Millás.
Si puedes dejar de leer un segundo para prepararte un café, ese café quedará contaminado por la lectura de Los objetos nos llaman. Será especial, único, un café inolvidable, porque estará preparado por uno de sus personajes. Este libro, ese café y tú os habréis convertido en un relato. Prueba. No se puede leer a Millás sin que algo, a nuestro alrededor, cambie, sin que la realidad cotidiana nos asombre.
Millás ejerce en este libro como un maestro de la distancia corta. Cada uno de estos cuentos, breves como un fogonazo, ilumina un secreto, revela un misterio, provoca una pregunta. Todos, bajo esa escritura precisa y veloz, esconden una sorpresa. Inimitable mezcla de humor, de pánico, de ironía, en esa atmósfera entre realista y onírica que caracteriza la escritura de Millás.