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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Reloj, no marques las horas




RELOJ, NO MARQUES LAS HORAS

(Josep Sebastián)




     La esposa del encargado del reloj de la Puerta del Sol salió de cuentas un día de nochevieja. Justo al dar la undécima campanada se atragantó con una uva.
     El relojero detuvo todos los relojes del país mientras  la ingresaba de urgencias en el hospital más cercano. La población esperaba expectante.
     Cuando vio que los médicos no podían salvar su vida por asfixia, el apesadumbrado marido decidió volver a poner en marcha el tiempo. Al sonar la última campanada del año, corrió el champán y un fuerte  griterío sacudió las casas y las calles.
     Mientras, un hombre y un niño lloraban juntos.
    

miércoles, 16 de diciembre de 2015

A vivir !





A VIVIR

(Josep Sebastián)




       El día que Barrachina se jubiló, decidió celebrarlo a lo grande.
     — ¡A vivir, que son dos días! —se le oyó gritar al entrar en uno de los burdeles de la ciudad.
     Justamente dos. El primero lo pasó en la UCI por un coma etílico y el segundo en el tanatorio.

domingo, 8 de febrero de 2015

Carta de despedida

Carta de despedida 
clicar arriba para ver video

(Josep Sebastián)



“Querida Mercedes:
Cuando leas esta carta ya no estaremos juntos. Pero has de entender que no puedo seguir con este interminable y cruel sufrimiento. Con mis limitadas fuerzas aun puedo decidir qué es lo mejor para nuestras vidas.
He de agradecer todo el tiempo que hemos compartido, los paseos por el jardín, la forma de acariciar mi pelo, tus besos y tu mirada. No puede haber tanto amor.
No guardes luto, ni siquiera emocional. El blanco siempre te ha sentado bien. Cuida de Juanito y afronta la vida con renovados ánimos. Puede que encuentres alguien que  reconozca como yo tu enorme bondad.”



Mercedes M., enfermera de la unidad de paliativos del Hospital Central, dobló el papel y lo introdujo en el bolsillo de su blanca bata, estiró la sábana hasta el cabezal de la cama y recogió el vaso de agua y el resto de pastillas de la mesita de noche. Se dirigió entonces al enfermo que seguía sentado en el borde de la cama de al lado y le dijo:
        —Vamos, Juanito. Lávate esa cara que vamos a dar un paseo por el jardín. Hoy hace un día espléndido.