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lunes, 12 de octubre de 2015

Rateros




RATEROS

(Josep Sebastián)

     Pasada la medianoche decidieron entrar en Villa Flora, una casa señorial en la parte alta de la ciudad. La indigencia comportaba hambre y licitaba el allanamiento de morada y el hurto.
     Uno entró por un resquicio de la valla que rodeaba el jardín y el otro lo hizo trepando por el balcón principal. En cinco minutos, y de manera sigilosa, andaban por los pasillos de la casa.
     Florita, adornada con un collar acabado en una especie de cascabel de plata, miraba asustada, desde lo alto del enorme reloj de pie del comedor, como el negro bebía del plato de leche en la cocina iluminada por la luna. Mientras, el rayado cazaba ratones en el sótano.
     Horas más tarde, los tres dormitaban en la cornisa de un tejado del barrio viejo.
    

miércoles, 13 de mayo de 2015

Fábula


 FABULA DE ARTISTAS

Lo cierto es que el gato, con mucha paciencia, aprendió a ladrar. Ladraba con fuerza, con eficacia de perro adulto. Tanto ladró que se olvidó de sus maullidos. Entonces, las opiniones se dividieron entre quienes sostenían que se trataba de un gato falso y quienes, por el contrario, aseguraban que era un perro apócrifo. Nadie tenía en cuenta su virtuosismo, el estudiado empeño que exhibía cada vez que quería soltar un ladrido. Lo peor, sobrevino cuando los demás gatos lo tildaron de traidor, cobarde, obsecuente, cipayo, etc. El mismo rechazo obtuvo de los perros, para quienes era un vulgar imitador, un alcahuete, un arribista, un desarraigado, etc.
Con pesadumbre de artista postergado y vagando sin sentido, el gato llegó un día hasta mi casa. Poco nos bastó para comprendernos. Y decidimos vivir juntos, aunque ustedes no lo crean. Le conté mi drama: nadie quiere saber nada con un perro fino, delicado, que sólo emite maullidos de gato.
Orlando van Bredam
La vida te cambia los planes, 1994