Entre la casa de mi vecina y la mía hay un puente. El puente lo
construimos una mañana soleada. La mitad ella y la mitad yo. El puente
lo utilizamos para comunicarnos o para distanciarnos. Cuando ella necesita
una taza de café, cruza el puente y me lo pide. A veces incluso lo bebe
conmigo, acompañado de un pan tostado. Lo mismo: cuando yo necesito un
poco de queso o una loncha de tocino, cruzo el puente y se lo pido. Ella
misma, incluso, me lo envuelve en un pedazo de papel aluminio. Sin
embargo, cuando no le parece bien algo que he hecho sin darme cuenta, quita
su parte de puente que puso y la coloca sobre la rejilla del jardín. Y
de igual modo: cuando no me gusta la blusa que trae o las visitas que
recibe, desmonto mi parte de puente que puse y lo recargo en la bardilla
del sótano. El puente nos ha servido para acercarnos, algunas veces, y
para distanciarnos, otras, que es para lo que en realidad sirven los
puentes o, en todo caso, los vecinos como nosotros.
El
19 de septiembre de 1981 no fue un día más en la Gran Manzana. En el
inmenso Central Park, ese lugar tan especial de Nueva York, en el centro
de Manhattan, dos músicos que se habían alejado uno del otro en la
plenitud de su carrera, volvieron a unirse haciéndolo ante medio millón
de personas. El espectáculo que Paul Simon y Art Garfunkel presentaron
aquella tarde, fue gratuito y quedó registrado para la posteridad.
Simon
y Garfunkel se conocieron en la niñez. Ambos fueron matriculados en el
mismo colegio en el área de Forest Hills, en Queens. Desde 1957
anduvieron haciendo música bajo el remoquete de Tom & Jerry. Hasta
que un día, en el Greenwich Village, Simon le mostró un par de canciones
a su compañero, que resultaron siendo parte del que sería su primer
disco: Wednesday Morning, 3 A.M. Se publicó en octubre del 64. En él
incluyeron "The Times They Are a-Changin'" de Bob Dylan, "The Sound of Silence"
y "He Was My Brother", este último en homenaje a Andrew Goodman, un
amigo que estuvo entre los tres jóvenes activistas asesinados en Neshoba
County, Mississippi, por miembros del Ku Klux Klan. La discografía de
Simon & Garfunkel, juntos y separados, es vasta; incluyendo la
música para la película El Graduado, de 1968. Habiendo sido Simon el
principal compositor del dueto.
Lo cierto es que un día de 1981,
Paul Simon se reunió con el destacado músico y productor Dave Grusin, y
concibieron la idea de un gran evento con ribetes de espectacularidad.
Sería en algún lugar amplio de Nueva York que no podía ser otro que el
Central Park. Simon andaba de moda con el lanzamiento de su disco One
Trick Pony, que, sin haber sido su mejor placa -con "Late in the
Evening"- lo había puesto nuevamente en las listas de popularidad. Pero
la idea de ambos fue mucho más lejos.
Simon & Garfunkel, años después. (FOTO: Internet).
Era
conocido que, amén de sus grandes éxitos, la relación entre Simon y su
antiguo ex-compañero había sido turbulenta. Pero aquello había quedado
en 1970 cuando decidieron separarse. Y esta vez, alguien sugirió que al
planeado concierto de Simon se le agregara algo más. Fue así como
convocaron a Garfunkel para lo que terminó siendo el retorno de uno de
los más populares dúos de la música moderna.
Desde el día
anterior, el público se había empezado a acercar a la inmensa área verde
neoyorquina con el propósito de ver la reunión de sus ídolos. Para ese
momento, el grupo productor había anunciado una velada gratuita. Todo
estaba listo para el día 19. Era sábado. Una gran banda aparece en el
escenario, y Simon & Garfunkel interpretan "Mrs. Robinson". Era el
retorno. Le siguieron "Homeward Bound", "America" y una propia de Simon,
"Me and Julio Down by the Schoolyard", de su primer disco
en solitario. La lista es larga y también incluyó "A Heart in New
York", que Garfunkel acababa de publicar. Desde sus primeros acordes, el
clásico tema de Benny Gallagher y Graham Lyle, tuvo impacto en la
audiencia.
Durante la tarde se recuerda un incidente que lo
protagonizó un espectador que se encaramó en el escenario para atacar a
Simon. Coinicidentemente fue durante la interpretación de "The Late
Great Johnny Ace", que el cantautor había compuesto citando el asesinato
de John Lennon, que, también en Nueva York, había acontecido poco menos
de un año antes. Mientras cantaba, Simon solo interpuso su guitarra y
la seguridad se encargó del resto [ver video].
Simon & Garfunkel, años antes. (FOTO: Michael Ochs Archive/Getty).
El resultado fue The Concert in Central Park, un disco doble -que posteriormente fue compilado en un disco compacto- y un VHS que, en 2003, aparecería en DVD. "Scarborough Fair", "April Come She Will", "Wake Up Little Susie", "Still Crazy After All These Years", "American Tune", "Late in the Evening",
"Slip Slidin' Away", "Kodachrome/Maybellene", "Bridge over Troubled
Water", "50 Ways to Leave Your Lover", "The Boxer", "Old Friends", "The
59th Street Bridge Song (Feelin' Groovy)" y "The Sound of Silence",
fueron parte de la publicación. Una buena recopilación de canciones que,
para unos, con la ayuda de Phil Ramone -quien ya había trabajado con
Simon- fue muy bien realizada y, para otros, le sobró músicos, a un dúo
que se había caracterizado por su influencia en el rock acústico. Pero
esa no fue precisamente la tarde. Hubo más de jazz que lo que aquellos
esperaron. Y es que los tiempos habían cambiado. De eso, hace más de un
cuarto de siglo.
Javier Lishner Santa Clara, California 19 de septiembre de 2009
De
pequeño me gustaba observar las fotos de los platos combinados en el exterior
de los bares. Aquellas formas y colores me embriagaban hasta tal punto de creer
que la vida se habría de parecerde
alguna manera a la simplicidad que otorgaba cada elemento en su conjunto.
Fui
creciendo y siempre que podía me engullía un nº 4 o un nº 7 a medida que iba
puliendo mi vida en base a aquellos ingredientes. La frescura de mi juventudera como la verde lechuga que se retorcía al
lado de un tomate rojo abierto y brillante. En el otro costado del plato, mis
amigos, todos distintos como patatas fritas, unas doradas, otras blancas, y a
su lado un par de croquetas crujientes como el sonido de las ruedas de los
trenes en las vías. Trenes que cogí para recorrer medio mundo, por lo que no me
parecía mal encontrarme de vez en cuando algún ingrediente exótico en algún
plato, como aquel nº 9 que incorporaba chucrut.
Un
día me encapriché de uno con un hermoso huevo frito en el centro. En ese
mismísimo momento se plantó la que sería mi esposa en el centro de mi vida, y
la vi llegar así, con un vestido amarillo y una blancura en sus manos que me
atrapó para siempre.Lo acompañaban un
trozo de lomo de dos colores y un pimiento verde reluciente, como mis hijas
emergiendo en el festival de la escuela a final de curso.
Han
pasado los años y sigo disfrutando de esos platos combinados, aunque sé
irremediablemente que su presencia en la mesafrustra todas las expectativas que se recrearon en la foto. Los como poco a poco,
mezclando los sabores y texturas como si buscara una aleación química que
devolviera cada ingrediente a su forma irreal.
Hoy
he visto un bar con un cartel y un solo plato. El nº 0. Nunca había visto una
foto tan poco llamativa, casi sin color, tan abierta a pasar de largo. Pregunté
al camarero si no tenían otros para elegir y me dijo que su especialidad eran
los bocadillos. Me indicó otro cartel, y ciertamente, aquello era otra cosa.
La
vida siempre da una segunda oportunidad, aunque venga acompañada de atún en
aceite rebosando por los lados de la barra de pan.