lunes, 20 de abril de 2015

Disco de la semana (17) : Entre amigos - Luis Eduardo Aute


Luis Eduardo Aute- Entre amigos


Dándole vueltas a los discos perdidos traigo aquí uno de ellos; un disco que desde luego yo nunca perdí; que guardo con gran cariño y con un poquito de nostalgia. Hablo de un vinilo, un doble álbum con su carpeta, con sus letras en cartulina aparte, y con ese sonido tan particular que ahora ya no es admisible y que le da un encanto especial. Un atractivo que además se amplifica por el efecto de estar grabado en vivo; por ser la reunión de grandes músicos que acompañan a uno de los mejores cantautores que tenemos y que así le dan título al álbum: Entre Amigos de Luis Eduardo Aute.

Fue editado por Movieplay en 1983; todas las canciones compuestas por Luis Eduardo Aute, a excepción de cuatro, cada una de las cuales, de la manera más elegante y cortés, va encabezando las caras de ambos discos.

Reproduzco aquí el texto que el autor escribe en el interior de la carpeta:

“Este disco se grabó el 4 de marzo de 1983 en el teatro Salamanca de Madrid con el ánimo de reunir en un solo disco- en este caso dos- algunas de mis canciones más conocidas, desde las primeras hasta las más recientes, tal como suenan en directo, por una simple necesidad de hacer recuento y punto y aparte. En alguna etapa de la preparación del proyecto, también sentí la necesidad de reunir para este concierto a los compañeros de la canción, que por diversas razones, más quiero y admiro. Con cada uno de ellos he compartido momentos muy significativos de mi vida que aún permanecen vivos en mi memoria, como así sus voces en este disco”
Quizá la publicación de este concierto fue un punto y aparte, pero esas canciones siguen muy vivas y actuales, perduran con la misma fuerza que tenían hace 25 años, tal como aparecen en ese disco. Muchas de estas canciones fueron recogidas de nuevo en un doble CD, que lleva por título “Autorretratos”, publicado 20 años después. También muchas de ellas han servido para rendirle un homenaje al cantautor en un disco que se llama “Mira que eres canalla, Aute!” publicado en 2000, y donde otros artistas ponen sus voces al servicio de las canciones de Aute. Además de los que le acompañaron en “Entre Amigos”, es una delicia escuchar las versiones presentadas, entre otros, por Pedro Guerra, Leon Gieco, Jorge Drexler, José Mercé, Rosendo, Ismael Serrano, Javier Álvarez.

Y volviendo a “Entre Amigos”, es un trabajo con múltiples encantos, entre ellos está el poder escuchar a L. E. Aute cantar canciones emblemáticas de sus compañeros en el concierto: “Te doy una canción” junto a Silvio Rodríguez, “Para Vivir” junto a Pablo Milanés y una de las más preciosas canciones de amor que yo pueda conocer, “Paraules d’amor”, con el incentivo de hacerlo en catalán junto a Joan Manuel Serrat.

Muchas veces he escuchado decir que las canciones nos llegan en la medida que las hacemos nuestras y así lo creo. Hablar de las canciones de este disco es hablar de la memoria sentimental de una generación, o más bien de varias; porque todas ellas son más que canciones, son parte de la vida y de la historia de mucha gente. Sería un descaro por mi parte hablar de ellas de otra manera que no fuera desde el interior, no podría comentar las canciones en sí, sólo podría hablar de su significado para mí. Y tampoco de esta manera me atrevería, no sé que podría yo decir de “Pasaba por aquí”, de “Rosas en el mar”,de “Aleluya”, de “Las cuatro y diez”, de “A por el mar”, de “Queda la música”, o de “Anda”, y como podría explicar el sentido de canciones como “De paso” o “No te desnudes todavía”, “Siento que te estoy perdiendo” y “De alguna manera” o “Al Alba”, sin olvidarme de “Mira que eres canalla”.

En ellas vive un tiempo inolvidable para todos los que conocimos las canciones de Aute y las incorporamos a nuestras vidas. Y aunque esté escribiendo sobre ellas, estas canciones no son para comentarlas, son para escucharlas y para sentirlas; creo que aquellos que las conocen me darán la razón. Luis Eduardo Aute es una figura fundamental en la Canción de Autor, y este disco que se reeditó en CD en 2002 es una pieza clave en su discografía.

Canciones del disco:


Te doy una canción
Rosas en el mar
Aleluya nº 1
Rojo sobre negro
Las cuatro y diez
Amor, te digo esta palabra
Recordándote
El ascensor
Paraules d' amor
A por el mar
Queda la música
Albanta
De paso
Al alba
Padre
A vivir
Anda
No te desnudes todavía
Libertad
De alguna manera
Pasaba por aquí
Para vivir
¡Mira que eres canalla!
Dentro
Siento que te estoy perdiendo
Anda suelto Satanás
Entre amigos


Mª Gracia Correa

domingo, 19 de abril de 2015

Perdición

'Perdición' de Billy Wilder

Una obra cumbre del cine, de obligado visionado para todo aquél que ame el cine y la literatura.


Escena de 'Perdición'

“Después de ‘Double Indemnity‘, las dos palabras más importantes del cine son Billy Wilder.”
Eso es lo que declaró Alfred Hitchcock después de ver ‘Perdición‘ (‘Double Indemnity’, Billy Wilder, 1944). Considerada una de las películas que inauguraron definitivamente el género noir, tiene, en mi opinión, la huella inconfundible de su director. Más allá de cualquier género, como ya se ha dicho, Billy Wilder es un género en sí mismo. No obstante, rodada el mismo año que otra joya del cine negro, ‘Laura‘ (id, Otto Preminger, 1944); ‘Perdición’ presenta muchos de los rasgos definitorios que se le atribuyen a este tipo de películas. Sin ser consciente de su trascendencia, Billy Wilder aunó en 107 minutos –muchos directores actuales deberían grabarse esta cifra a fuego–, algunas de las más brillantes representaciones de género y de autoría cinematográfica. Una de las claves del film, la debemos a la suma de tres talentos literarios de dimensiones estratosféricas: los escritores James M. Cain y Raymond Chander, dos autores fundamentales de la novela negra –el otro sería Dashiell Hammett–, y el guionista además de director, Billy Wilder. James M. Cain escribió la novela homónima en la que se basa la película, que fue publicada por entregas en la Liberty Magazine en 1936. Tomó como referencia un caso real, el del crimen consumado en 1927 por Ruth Snyder y su amante, en un intento de cobrar la doble indemnización de la póliza de su marido. La aportación de este escritor al género negro es de un valor inigualable pues fue responsable de las narraciones que dieron pie a films como ‘Alma en suplicio‘ (‘Mildred Pierce’, Michael Curtiz, 1945) o ‘El cartero siempre llama dos veces‘ (‘The Postman Always Rings Twice’, Tay Garnett, 1946 | ‘The Postman Always Rings Twice’, Bob Rafelson, 1981), con la que guarda muchas similitudes. En sus relatos destaca especialmente la psicología de unos personajes perfectamente definidos y ello se manifiesta también en ‘Perdición’. La realización del guión corrió a cargo de Raymond Chandler y Billy Wilder –en una colaboración que no tuvo nada de idílica–. Entre estos tres autores, consiguieron trasladar al cine toda la esencia y la atmósfera de la novela negra.
Fotografía de Raymond Chandler y Billy Wilder Fotografía de Raymond Chandler y Billy Wilder.
El extraordinario director de origen austríaco, se asocia indefectiblemente a la comedia cáustica, como discípulo y sucesor de Ernst Lubitsch –a pesar de que sus películas contienen una considerable dosis de amargura–. Lo cierto es que, con la excepción de su primera película ‘El mayor y la menor‘ (‘The Major and the Minor’, Billy Wilder, 1942), su década inicial como director tiene poco que ver con este género. ‘Perdición’ evidencia este hecho y, además, destaca su oficio como cineasta. Nos encontramos ante, no sólo un magnífico guión, sino frente a una puesta en escena que recrea como pocos el ambiente noir y cuya iluminación otorga características psicológicas y representativas a los personajes. En sintonía con lo que simbolizaban los sombreros negros en el western, la oscuridad se cierne sobre los dos protagonistas de la película; Fred MacMurray como Walter Neff –con dos ‘f’ como en Filadelfia, si conocéis la historia– y la espléndida Barbara Stanwyck como Phyllis Dietrichson.
En este film, narrado en primera persona a través de un largo flashback –de manera similar a ‘El crepúsculo de los dioses‘ (‘Sunset Boulevard’, Billy Wilder, 1950)–, se establecen muchos de los elementos de lo que, a posteriori, se denominó cine negro. El más destacado es el del personaje de Phyllis Dietrichson, una de las femme fatale más recordadas, no sólo por la grandiosa interpretación de Barbara Stanwyck, sino también por su inconfundible estilismo. Su peluca rubia –que no acabó de convencer a los productores de la Paramount–, el característico vestuario de Edith Head y su sensual pulsera en el tobillo; dan forma a una mujer tan atrayente como peligrosa. Sin ningún tipo de concesión, su personaje utiliza el sexo como estímulo para conseguir sus propósitos, siempre va un paso por delante de su presa. Su trasfondo de maldad y también su vulnerabilidad son mucho más extensas que en otros personajes de misma índole. La mirada de Phyllis, sobretodo en ese magnífico primer plano mientras sucede el crimen, revela todo el dramatismo y la turbación del personaje.
La impronta de Billy Wilder, como decía, está también muy presente durante todo el film. La recurrente idea de la suplantación o del cambio de identidad vuelve a reflejarse en ‘Perdición’. Y es que ya desde sus inicios, este tema se repite una y otra vez en su filmografía. Es innegable que con ello recoge la estela de Ernst Lubitsch y de la comedia de enredo, pero más allá de estas referencias, Wilder sobredimensiona el recurso y le transfiere, en muchos casos, una magnitud existencialista. Sus mordaces diálogos son las verdaderas armas de esta cinta, tan abrasadores como el sinnúmero de cerillas que se prenden –todas ellas encendidas con los pulgares más ásperos del cine–. Especialmente brillante es el duelo metafórico cargado de tensión sexual entre Walter y Phyllis que empieza con la memorable frase “En este estado hay límite de velocidad, Sr. Neff. Sesenta kilómetros por hora”. Bang. Otro ejemplo de antología es otra línea de Fred MacMurray que recita “No escuchaba mis propios pasos, eran los pasos de un hombre muerto”. Su dimensión, no tiene que ver sólo con su carga simbólica, sino con el posterior desarrollo de la acción. Ínfimas muestras, en definitiva, de lo que puede acontecer si se juntan el talento de Wilder con el de Chandler.
Barbara Stanwyck en 'Perdición'
Otro de los mayores aciertos de ‘Perdición’ es la subversión de un reparto de actores que cambiaron de registro. Barbara Stanwyck, había aparecido básicamente en melodramas y comedias, algunas memorables como ‘Bola de fuego‘ (‘Ball of Fire’, Howard Hawks, 1941) o ‘Las tres noches de Eva‘ (‘The Lady Eve’, Preston Sturges, 1941). Su reticencia al aceptar este sustancial giro interpretativo, se tornó en triunfo absoluto. Además de sus virtudes como estupenda compañera y actriz disciplinada, se sumó su inteligencia al descubrir que con Wilder hay que dejarse siempre llevar. El caso de Fred MacMurray es muy parecido, un actor eminentemente de comedia ligera, que encarna a la perfección al avispado vendedor de seguros que se convierte en marioneta a manos de Phyllis. Un actor –poco arriesgado a lo largo de su carrera– pero que, sin embargo, demostró con sus papeles en este film, en ‘El apartamento‘ (‘The Apartment’, Billy Wilder, 1960) o en ‘El motín del Caine‘ (‘The Caine Mutiny’, Edward Dmytryk, 1954), que su ambigüedad debía haber sido explotada con mayor frecuencia.
Para Edward G. Robinson, ese cambio de orientación fue en el sentido opuesto. Si su carrera se sustentaba en la personificación de gángsters y villanos, con ‘Perdición’ nos ofrece una magistral versión de un personaje bondadoso y mundano, al que dota de una capacidades deductivas que poco tienen que envidiar a los detectives más famosos de la historia. Se podría decir, de hecho, que interpreta a dos personajes: a Barton Keyes y a su hombrecito. Ambos, lejos de ser secundarios, resultan ser parte fundamental de la trama. El carisma de Robinson se apodera totalmente de la película en muchos momentos y representa, con esplendor, su afecto inquebrantable hacia Walter Neff, en la historia de amor por excelencia de ‘Perdición’.
Fred MacMurray y Edward G. Robinson en 'Perdición'
La dirección de Wilder es sumamente minuciosa. Se eligió con precisión desde la casa de estilo español de Phyllis Dietrichson, hasta el tipo de coche que conduce Walter Neff. Todos los pequeños objetos que aparecen, como el caso de la pulsera en el tobillo, forman parte de la definición de los personajes. Se pretendía, asimismo, retratar con fidelidad el ambiente de la novela de James M. Cain. Su pasado como periodista, le llevó a utilizar la puesta en escena como la de un noticiario de la época. La dramática iluminación también tiene que ver más con esta referencia que con el expresionismo alemán. Se buscó el realismo con el rodaje en exteriores, algo poco habitual en ese momento. Las escenas en el supermercado son de una originalidad que apabulla, realmente son mis preferidas, no sólo por lo que ocurre sino por el estilo que desprenden. Sólo se le reprochó un pequeño fallo en una de las escenas, en las que la puerta del apartamento de Fred MacMurray se abre hacia afuera, cuando en realidad siempre abren hacia dentro –un recurso inverosímil pero eficaz–. Wilder además rodó otro final distinto del que aparece en el film, pero lo descartó en última instancia. Una suerte, en cualquier caso, pues el abierto desenlace que nos brinda lleva indiscutiblemente el sello de Billy Wilder.
‘Perdición’ trascendió sin duda el género negro. Los criminales, en este caso, eran personajes corrientes. La decadencia y la perversión, se encuentra en lugares comunes, de aparente normalidad. Además se añade el aire de pérfida seducción y la fatalidad de unos personajes que en ningún momento demuestran arrepentimiento por sus acciones sino una estoica aceptación de un inevitable destino –una figura clave del cine americano–. Estos fueron los ingredientes que elevaron esta cinta por encima de los thrillers de la época y que también marcó la interrupción de las colaboraciones de Wilder y Charles Brackett, por considerar, éste último, la historia como demasiado sórdida.
Escena de la película 'Perdición'
Una obra cumbre del cine, de obligado visionado para todo aquél que ame el cine y la literatura. No sólo eso, además debería leerse su guión, pues resulta imposible reproducir en un post todos sus maravillosos diálogos. Si Alfred Hitchcock fue el mago del cameo, Billy Wilder lo fue del homenaje. En esta cinta, un brillante diálogo alude a ‘Historias de Filadelfia‘ (‘The Philadelphia Story’, George Cukor, 1940). Este film va más allá de todo género, de toda disciplina. Rendirse ante tanta magia, es la única opción. Cualquier otra alternativa sólo conduce a la perdición.

sábado, 18 de abril de 2015

Mientras escribo

 Para los que nos gusta escribir, un libro imprescindible.  (Josep Sebastián)

 

 

Stephen King: Mientras escribo

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2001
Título original: On writing
Traducción: Jofre Homedes
Valoración: muy recomendable
Pues vaya gran conocedor de la obra de Stephen King soy yo, para encontrarme con Mientras escribo. Con lo poco motivador que me resulta el género de terror y con lo aún menos motivador que me resultan los best-sellers. 
Menudo papelón.
Pues resulta que, apenas tres párrafos dentro de la reseña que escribo, la influencia de su lectura ya cala en mí. Ya me hallo reflexionando si es correcto cómo divido los párrafos y si los adverbios no son demasiados ya aquí. Sin hablar de la voz pasiva. Resulta, entonces, que este libro, que se abre en un tono autobiográfico (incluyendo referencias a orígenes familiares y a adicciones diversas bajo el influjo de las cuales confiesa haber escrito algunas de sus obras más célebres) y se cierra como un valioso manual práctico destinado a los que pretendemos escribir de vez en cuando (y que nos lean de vez en cuando), resulta que es una experiencia interesante, enriquecedora y demoledora. Demoledora de mis dos prejuicios expuestos, aclaro. Porque mi sensación final es que si Stephen King es uno de los autores más vendidos, aparte de ser prolífico y contar con un ejército de fans irredentos, lo es con cierto merecimiento. Por aquello de que la vida le ha dado limones.
Por proseguir con algo que podría ser interpretado como un tabú (ceder en exceso ante las grandes figuras encaramadas en las listas de ventas), diría que, al igual que De qué hablo cuando hablo de correr del polémico (tomen eufemismo, señores) Murakami, este ensayo me seduce por la manera en que su autor revela su pasión por su oficio. La manera en que pone su oficio al servicio de expresar ese amor. Sí, es cursi llamarle amor, pero ríanse de la vida que a King le ha procurado su talento muchas veces vilipendiado. Da envidia leer la seguridad que desprende hasta cuando reconoce errores, adicciones, debilidades. Si este hombre se decide a aconsejar es por algo. Nadie le mandaba decidirse por esto en vez de tramar otra de sus novelas de terror. Hasta hubiera vendido algunos millones más de los que seguramente vendiera Mientras escribo. Pero prefirió darse este pequeño festín  algo auto-celebratorio, sí, pero con un cierto sentido de la justicia, tuteando al lector, mostrando cariño y convicción, modestia en lo artístico pero orgullo en lo estilístico, en resumidas cuentas, dejando fluir su escritura con tanta espontaneidad que cualquier prejuicio se desmorona. Y con una idea central que no abandona mi cabeza, ya que estamos en un blog de libros. Su contundente afirmación de que un buen escritor sólo puede surgir de ser un buen lector. Touché.
Una auténtica sorpresa (a pesar de que ya había sido advertido).

La maqueta



 Papá lleva veinte años construyendo una maqueta. Su obsesión ha llegado a tal límite que reproduce fielmente cada detalle de la ciudad. Si el vecino decide pintar la fachada de su casa de otro color, papá corre a la tienda a comprar el mismo tono de pintura. Mamá está harta. Ayer se fue de casa. Después de buscarla durante todo el día, al final la encontramos en la estación. A través de la lupa pudimos ver cómo se despedía de nosotros mientras subía las maletas al tren.
Francesc Barberá Pascual

miércoles, 15 de abril de 2015

Percy Sledge

Muere el músico Percy Sledge, autor de ‘When a man loves a woman’

El artista fallece a los 73 años en su casa de Baton Rouge (Luisiana) en Estados Unidos

lunes, 13 de abril de 2015

Disco de la semana (16) : Imagine - John Lennon

John Lennon - Imagine (1971)



por Addison de Witt (@Addisondewitt70)




Si es que no puede ser siempre uno el más original de la cuadrilla, ni el más novedoso, ni tampoco el más rebuscado, pedante o relamido. A veces uno se siente clásico, rutinario y conservador, pero a gusto y en paz, así de bien me siento yo hoy. La cosa es que hoy me he levantado con un sentimiento raro, raro pero agradable, un estado de paz se ha hecho dueño de mi, no se si será el cumple de mi amiga La Reina del Underground, que además de amiga es de la realeza rockanrollera y claro, como toda deidad su edad no se computa en términos numéricos, sino en medidas desconocidas en esta dimensión, medidas de alegría, señorío, bondad y grandeza.


O tal vez es que la lluvia que nos tiene arrinconados en casa mirando hacia la calle con la continua disyuntiva en el corazón de: -¿Qué hago?...salgo o me quedo en casa....-, el caso es que esta lluvia crea en mi un extraño estado de paz por aislamiento térmico de lo mas sedante..

Resumiendo, que hoy siento una paz que creo que congenia con algún artista que tenga en su obra esta paz como guía, como luz que ilumina su inspiración y como principio por el cual vivir, y cantar, y amar...

Hoy siento que es un día para escuchar, respirar y sudar a John Lennon. Y hablando de paz, que mejor disco que aquel del cual el tema homónimo y bandera, que en principio era un remanso de belleza plácida y onírica y que las radiofórmulas se han encargado de repetir hasta la exasperación, obviando el contenido pacifísta del mismo y priorizando su explotación comercial y en consecuencia económica, es aun así emblema de la paz y el amor en el mundo del rock por encima de cualquier otro, que cuando lo sometes a una escucha sentida y desnudas tu alma ante él, sigue siendo una hermosa semblanza a la utopía como forma de sobrevivir a la fealdad y de vencer, al menos interiormente, individualmente a la maldad que por desgracia el ser humano se empeña a diario en demostrar que lleva intrínseca, la canción, la poesía cantada que anima a la humanidad a soñar, a soñar como primer paso de lograr, de alcanzar, de vencer.

Hoy vamos a hablar de Imagine, de John Lennon.



No es un disco del que me este resultando fácil decir algo porque, ¿qué se puede decir de Imagine que no se haya dicho?, nada, así pues me he permitido sugerirle a mi alterego Addison que simplemente comente lo que le dicta la emocional escucha del vinilo sin pretender añadir nada, pues ya esta todo dicho, y mejor dicho de lo que aquí podamos ser capaces de decir.

Decir que este es el disco mas popular de John Lennon es una perogrullada olímpica pero lo es, grabado y editado en 1971 se trata del segundo álbum de estudio del ex-Beatle, sin contar los tres discos experimentales que grabo a finales de los sesenta sin apenas repercusión comercial ni popular, tampoco era esto lo que buscaba el artista, apareció después de John Lennon/Plastic Ono Band grabado un año antes y competidor con el que hoy nos ocupa como el mas importante de su carrera en solitario, en mi opinión, que queréis que os diga, lo dejamos en tablas y tan contentos.

En Imagine nos encontramos al Lennon mas puro, mas sensible a su propia quimera y mas empecinado en soñar aunque sea la única forma de sobrevivir, musicalmente la producción de Phil Spector junto a John y Yoko se hace notar en el uso y a veces abuso del muro de sonido y en una cierta continuidad estilística con respecto a ciertas connotaciones sónicas ya escuchadas y no por todos apreciadas en anteriores trabajos del artista y en la definitiva toma del beatlemano "Let It Be", no obstante los temas gozan de una composición tan inspirada y perfecta que ningún posible u opinable desajuste produccional puede dar al traste con ellos, es justo en cambio indicar que muchos aspectos de la visión de Spector son beneficiosos para el sonido del disco, pues insufla fuerza a los cortes y sobre todo el ambiente atmosférico que Lennon deseaba conseguir se logra en parte gracias a esta producción tan comentada a lo largo de todas estas décadas.

La inspiración melódica y conceptual pertenece y continua con la iniciada desde el viaje de los Fab-Four a la India y que trajo a un Lennon con unos conceptos sobre la composición diferentes, menos poperos y mas apegados al blues, al estilo americano y con inspiración oriental menos acusada pero mas sutil, una inspiración que dejó temas infinitos del genio de Liverpool desde 1968 hasta la realización de Mind Games en 1973 de manera consecutiva e impagable.



El contenido pacisfista es famoso y evidente, pero el aporte político lo es aún más, la ideología izquierdista de John queda patente en las letras de varios temas: "Give Me Some Truth", tema que ya sonó en las sesiones de "Let it Be" o "I Don't Want To Be a Soldier" son quizás los ejemplos mas claros.
La Terapia Primal a la que se sometió el músico dio como resultado artístico la creación de dos introvertidas y maravillosas canciones, la auto-reflexiva "How?" en la que John se hace alguna de las preguntas que le surgieron durante la mencionada terapia. El otro tema que resulto de estas sesiones es la bellísima e intima "Oh My Love", dedicada a Yoko, es una de las melodías mas limpias, oníricas y claras de la historia, con una base de piano y un canto desnudo John crea un auténtico himno al amor humano.

Se comenta que Paul McCartney grabó "Three Legs" para su album "Ram" como una mofa a sus excompañeros de banda y que esta ofensa fue dúramente contestada por John en "How Do You Sleep?", donde curiosamente interviene en las guitarras George Harrison, se habla de una postal con John sujetando un cerdo de las orejas en una situación similar a la que Paul inmortalizaba en la portada de "Ram", este con un carnero...no se, lo cierto es que se trata de un tema fantástico, de nebuloso ambiente, acordes orientales en los teclados y una bluesera guitarra llena de veneno musical, no se si de otro también...

Que el The White Album Beatleamano es una obra maestra indiscutible no hay quien lo ponga en duda, pero de ahí a que "Jealous Guy" quedase descartada del set list definitívo, pues que queréis que os diga, es que este me parece uno de los temas mas profúndamente bellos de toda la producción lennoniana, triste, melancólico y evocador me parece una POM como el Empire State que dio sombra a las últimas tardes de sofocante calor de nuestro querido John en su New York.




"Crippled Inside" recuerda, y esto es evidente, a The Beatles, es juguetona, divertida y tiene el espíritu libre y joven del John de antes del viaje a la India, refleja perfectamente el amor del británico por el rock, por la música, misma lectura que se deduce de la mas bluesera y seca "It's So Hard", tema aguerrido y demoledor en su rutina, digno de un genio como John.

De "Imagine" ya lo he dicho todo en el inicio de la crónica y creo que todos la conocemos tanto que en ocasiones hemos llegado a odiarla, y "Oh Yoko" es otro divertido son de ritmo vivo y optimista con la esposa del genial ingles como protagonista, con una anárquica armónica que da muerte al disco de una forma abrupta y desafinada que siempre me ha llamado la atención, pero es un tema bailable y disfrutable.

Como os decía al principio, poco no, nada nuevo se puede decir de este disco definitivo, genial, radical y tolerante, pacifista y provocador, quimérico y asentado en valores tradicionales, un disco vivo, que siempre estará vivo, como pasa con todas las obras maestras.

Hoy Addi se ha marcado un clásico como la copa de un pino...

©Addison de Witt

14 de abril : ¡ Viva la Republica !

Para ver página, clicar aquí : 84 aniversario de la proclamación de la República