Ginette Gilart
“Y desde aquella primera mañana, el sol, con sonriente dedo, me señalaba allá a lo lejos esas cimas azuladas del mar que no tienen nombre en ningún mapa, hasta que, mareado de aquel sublime paseo por la caótica y ruidosa superficie de sus crestas y avalanchas, venía a ponerse al resguardo del viento allí a mi cuarto, pavoneándose en la deshecha cama, desgranando sus riquezas por el lavabo lleno de agua, por el baúl entreabierto, y aumentando aún más la impresión de desorden por su mismo esplendor y su extemporáneo lujo.”