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lunes, 30 de noviembre de 2015

Disco de la semana (49) : Half the perfect world - Madeleine Peyroux


Y una extra

Madeleine Peyroux - Half the perfect world

Subido por Marhali.

Madeleine Peyroux, cantante, guitarrista y compositora de jazz, comenzó su carrera musical formando parte del Lost Wandering Blues & Jazz Band en París. En 1996, con apenas 22 años, sale su primer disco en solitario, Dreamland, cuyo éxito le da a conocer al público en general. Half the perfect world es su tercer disco, publicado en 2006.

En este trabajo podemos escuchar versiones de “La javanaise”, de Serge Gainsbourg, “Smile”, de Charles Chaplin, “The heart of Saturday night”, de Tom Waits, o “Everybody´s talking”, de Willie Nelson, así como cuatro temas compuestos por ella, junto a Larry Klein (productor), en las que su voz suave y personal -cuya tono, fraseado y cadencia recuerdan a Billie Holliday y Bessie Smith- encaja perfectamente con la música y las canciones que interpreta. Esto no quiere decir que Madeleine Peyroux “imite” a las clásicas, sino que utiliza esa capacidad como mejor conviene a la canción, como un recurso más para darle cromatismo, profundidad y/o emotividad, según convenga, a la composición. Porque Madeleine Peyroux no se limita a interpretar canciones, sino que las posee.

Un disco, de impecable factura, recomendado para quienes gusten del jazz/blues clásico, de la música suave, sin estridencias, de las canciones que recuerdan los viejos buenos tiempos del jazz.
  1. I´m all right
  2. The summer wind
  3. Blue alert
  4. Everybody´s talkin´
  5. River (ft. K.D. Lang)
  6. A little bit
  7. Once in a while
  8. (Looking for) the heart of Saturday night
  9. Half the perfect world
  10. La javanaise
  11. California rain
  12. Smile

lunes, 27 de abril de 2015

Hacía un frío...

max_aubHacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juán de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno las siete y media, lo mismo da las ocho. Tengo un criterio amplio para todas las cosas. Siempre he sido un hombre muy tolerante: un liberal de buena escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto; pero ustedes reconocerán conmigo que ese punto existe. Ya dije que hacía un frío espantoso. Y aquella condenada esquina está abierta a todos los vientos.
Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez. Las ocho. Es natural que ustedes se pregunten que por qué no lo dejé plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco chapado a la antigua, si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo. Héctor me había citado a las siete y cuarto y no me cabe en la cabeza el faltar a una cita. Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media, y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero esas son cosas del destino y les aseguro que a las tres de la tarde, hora en que salí de casa, nadie podía suponer que se levantara aquel viento. Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Transido, amoratado. Llegó a las nueve menos diez: tranquilo, sonriente y satisfecho. Con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados:
-¡Hola, mano!
Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba. Triste casualidad.
Max Aub
La otra mirada – Antología del relato hispánico. – Menoscuarto Ediciones 2005